Cuentas Pendientes

En una bolsa le entregaron sus pertenencias personales, aquellas que un día le arrebataron… Contempló aquellos objetos inertes con ojos impersonales. Aquellas cosas que habían significado tanto para él habían perdido completamente su atractivo, ya no significaban nada. Hasta aquellas pocas monedas de cobre habían dejado de tener valor. Esbozó una amarga sonrisa mientras miraba el retrato de una de ellas, y se dio cuenta de que aquellos años habían dejado muchas otras cosas en la cuneta además de a él mismo. Las tiró a una papelera cercana junto al ya inútil peine y el sobado envoltorio.

Sólo se quedó con el poco dinero moderno que le habían dado al salir de la cárcel y el recorte de periódico local donde se reflejaba el crimen del que fue acusado. Llegó a una cabina y descolgó el auricular:

—Hola, Silvia. Me debes quince años.

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