Senderos

Recorrió aquel camino como siempre hacía, como si fuera la primera vez. Se detuvo un momento para admirar un pequeño detalle, una leve irregularidad que recordaba de otras ocasiones y que hacía al conjunto aún más admirable. Reanudó instantes después el paseo hasta llegar a uno de sus sitios preferidos, le encantaba el paisaje que se podía divisar desde allí.

Concentró todos sus sentidos en el momento.

El teléfono lo sacó de su ensimismamiento.

—Diga. Ah, hola. No, ahora no me es posible, lo siento. Otro día será. Vale, ya te llamo yo. Un abrazo.

Ella se incorporó con fastidio. Su melena resbaló tapándole un seno.

—¿Quién era?

—Tu marido.

No contestó. Volvió a tumbarse al tiempo que cerraba los ojos. Emitió un gemido cuando la lengua de él volvió a acariciarla.

Pero ya se había roto la magia.

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