Tiempo de Grieg (3)

#EsTiempoDeGrieg

En la mansión del Rey de la Montaña según una marca de refrescos

(Actualización)

En la mansión del Rey de la Montaña según una tienda de muebles

Lo que significa que si estás con la tele encendida pero sin prestar mucha atención, no sabrás si te están diciendo que consumas una dosis de azúcar que es la chispa de la vida o que te dispongas a montar un mueble sueco.

Tiempo de Grieg (2)

Tiempo de Grieg

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Tiempo de Grieg (2)

#EsTiempoDeGrieg

En la mansión del Rey de la Montaña según una marca de automóviles

Tiempo de Grieg

Tiempo de Grieg

#EsTiempoDeGrieg

Edvard Grieg – Peer Gynt Suites – 1 and 2 (YouTube)

Amanecer según una marca de cerveza

En la mansión del Rey de la Montaña según un producto para adelgazar

La Pesadilla de Gilgamesh, capítulo XII – El Embrujo Escandinavo

Amanecer. El Auditorio se encontraba a oscuras y apenas se distinguía el movimiento de la batuta entre las brumas del fondo. Algún que otro breve chispazo permitía imaginarse el rocío posado en las hojas de los árboles. Poco a poco aumentó la intensidad de la luz sobre el gigantesco escenario en el que se empezó a divisar el intrincado bosque escandinavo del joven Peer Gynt.

Pero todo fue muy breve, demasiado breve para Joseph Derr, que giraba su cabeza continuamente. Se sentía acechado, espiado, y no había encontrado el modo de concentrarse en los delicados acordes de La muerte de Aase.

¡Ahí estaba! Por fin consiguió divisar al Director ocupando el palco VIP. Como siempre, llegaba tarde. El maldito le dirigió una mirada maligna que terminó por echarle a perder La Danza de Anitra. No reconoció a ninguna de las mujeres que lo acompañaban, pero no tenía ninguna duda de que estaban en nómina. Gimió: como él.

El malnacido seguro que lo había calculado hasta el último segundo. Sabía que la danza oriental del tercer movimiento era lo mejor de la representación. Además, el holograma era, por describirlo de un modo breve, excepcional. Y el muy patán tenía que presentarse justo cuando comenzaba a subir la música, con el fin de distraer la atención del público, los intérpretes… ¡maldita sea! Menos al holograma (lógicamente imperturbable en su inexistencia), ¡había molestado al todo UR!

En el Anillo donde se ocultaban los músicos se encontraba también el proyector de los hologramas. La explosión de luz que acompañó a los contrabajos representaba el cuarto y último pasaje, pero todo se vio truncado nuevamente por las impacientes miradas que le dirigía Julius. Y por la vibración en su terminal.

Joseph no tuvo más remedio que resoplar y levantarse de su localidad mientras comenzaba Rapto y lamento de Ingrid. No se encontraba de humor para disfrutar más de Grieg, y también estaba el maldito deber.

Se dirigió a la salida mientras miraba a hurtadillas los hologramas en el momento que llegaban a su máximo esplendor. Gimió de nuevo.