La Visita (The Visit)

#spoilers

Wikipedia, Filmaffinity

ATENCIÓN: Spoilers y rap

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¿Mandarías a tus hijos a una granja aislada en un pueblo perdido para que conozcan a sus abuelos con los que te enfadaste hace años?

¿Es posible que por muy grande que sea el enfado con tus padres, no tengas ni una sola foto de ellos? ¿Es posible que tus hijos -esos que tienen más perfiles en redes sociales que amigos en la vida real- no les hayan gugleado?

Si tu respuesta es afirmativa a estas preguntas (y otras), entonces no sólo te creerás la trama de La Visita, sino que es posible que termines convirtiéndote en una víctima.

Porque la trama es esa: unos chiquillos que no conocen a sus abuelos porque su madre se distanció de ellos en su día son enviados una semana a su granja. Y resulta que sus abuelos son… raros.

Salvando esas premisas, La Visita es una película entretenida con una puesta en escena muy adecuada disfrazada de documental de metraje encontrado (found footage).

Sí, es de M. Night Shyamalan, pero no es (demasiado) raruna.

Lo mejor: se trata de una buena combinación de humor y terror. Y el terror no es extremo: no llega a ser necesario taparse los ojos ni dan ganas de vomitar.

Lo peor: un casi inevitable desenlace.

Escala Palomitera: 4 sobre 5

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Wayward Pines

#spoilers

IMDB, filmaffinity, FOX

ATENCIÓN: Spoilers y la necesidad de escapar del Paraíso

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¿Cómo te sentirías si despertaras en un hospital de un pueblo tras sufrir un accidente de tráfico y no recordaras nada de cómo ocurrió? ¿Y si además no puedes ponerte en contacto con tu familia? ¿Y si tratases de salir del pueblo pero todas las carreteras te devuelven a la casilla de salida? ¿Y si las pocas personas en las que parece que puedes confiar te indican que has de ser discreto porque todo se escucha?

El hecho de que el protagonista (Matt Dillon) sea un agente secreto que busca a unos compañeros desaparecidos añade un punto de intranquilidad conspiranoica al asunto: estas cosas también les pasan a los federales.

Wayward Pines es un escenario bucólico convertido en un gigantesco decorado construido como un Gran Hermano. O quizá es al revés: Wayward Pines es un set de Gran Hermano decorado como un pueblo encantador en el que algunas personas han sido recluídas sin poder elegirlo.

Lo bueno de Wayward Pines es que describe una comunidad aislada que ha de resolver sus problemas cotidianos y además afrontar la amenaza exterior sin poder recurrir al resto de la Humanidad.

Al final nos dará lo mismo la ubicación de Wayward Pines. Podría tratarse de una isla en el Pacífico o de una colonia en la Luna. Y es otra cosa casi aún más inquietante.

Sí, hay partes de M. Night Shyamalan, pero no es (demasiado) raruna.

Lo mejor: que es un experimento creíble y la trama se desarrolla de manera creíble.

Lo regular: la deriva cuasi-nazi en la que desemboca la Temporada 2. Aunque sea el desarrollo lógico, quizá precisamente por eso.

Lo malo: las criaturas. Es antidarwiniano.

Lo peor: la trampa que es que casi ninguno de los protagonistas de la T1 continúe en la T2.

Escala Palomitera: 4 sobre 5 (T1). 3 sobre 5 (T2).

Stranger Things

#spoilers
#HemosVisto

Wikipedia, filmaffinity

ATENCIÓN: Spoilers en cassette

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¿Sientes nosttalgia por el pelo cardado y las hombreras? ¿Conservas tus cintas de Depeche Mode, o incluso fue lo primero que ripeaste?

¿Lloraste con ET, sufriste con Poltergeist, reíste con Los Goonies?

Entonces Stranger Things es tu serie. Una serie hecha como se hubiese hecho en los ochenta. De hecho, hasta parece haber sido rescatada de una estantería.

¿Pero tiene un argumento original? No. Stranger Things se construye a partir de escenas que en su momento funcionaron en otras películas, y que al verlas en esta serie despiertan el mismo punto nostálgico que las canciones de los sesenta, o setenta en las fiestas del pueblo. Y empiezas a tararear.

Con Stranger Things sucede lo mismo: ¿los chicos huyen en bicicleta de los agentes del Gobierno? Todos, sin excepción, contábamos los segundos esperando el momento en que iban a echar a volar. Y aunque al final no fue así, la sensación fue similar.

¿Pero entonces es una serie tramposa? Tampoco. No es Perdidos. Aquí se da lo que se ofrece, desde el primero hasta el último capítulo. Y entretiene aunque sólo sea por buscar de dónde se inspiraron para tal o cual escena.

Lo peor: los niños raritos. Sobre todo si no te gustaron los Goonies.

Lo mejor: The Clash

Escala palomitera: 3 sobre 5

Actualización Nov/2017: el comentario sobre la T2 está aquí.

La Dama de los Muertos

#spoilers

casadellibro

ATENCION: necrospoilers

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¿Puede una mujer de la Austria actual embarcarse sin apenas pistas en un viaje de venganza tras descubrir que la muerte de su marido no ha sido un accidente sino un asesinato relacionado con su trabajo policial?

Por lo visto en La Dama de los Muertos, sí. No sólo eso, sino que a través de sus andanzas descubriremos una Austria limitada y pueblerina. Tan pequeña, que la protagonista localizará a la mujer que le dará las pistas posteriores en el que debe ser el único supermercado de la población, que se ubica junto a la única zona donde se refugian los sin papeles. Y todo eso, sin que la policía, ni siquiera el que fuera el compañero del marido muerto, haya sido capaz de intuir por dónde andaba.

La narración nos asombrará con las fantásticas deducciones que irán llevando a la protagonista a la caza, uno por uno, de los responsables de la muerte de su marido y de las aberraciones cometidas contra la pobre refugiada. Eso, mientras descubrimos que quien pareciera temer por cada instante que el marido estaba sobre su Ducati, es posteriormente capaz de pilotar la potente moto durante centenares de kilómetros a toda velocidad y sin la más mínima protección. Sin que un solo mosquito impacte contra sus ojos.

Y sin que la pillen. Cómo se nota que no está ambientada en España.

El entorno de la mujer, y por el que se da el título a la novela, es un tanatorio del que es propietaria. Lo que da pie al autor para explicar en detalle algunos procedimientos de su trabajo que… podría habernos ahorrado. Para el resultado final, bien podría haberse ambientado en un horno de panadería, y hubiera quedado casi igual de aparente.

Lo mejor: que al parecer el marido muerto no era tan tonto. O sí.

Lo peor: que lo que se argumentará se trata de un innovador recurso narrativo no enmascara la realidad. La Dama de los Muertos es, de reiterativa, cansina. Está mal escrita y peor puntuada.

Escala Palomitera: 1 sobre 5

El Chiringuito

#relatosdeverano

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—¡¿Sabes qué te digo?! ¡Que cojas la puerta y te largues de una puta vez!

Damián había acompañado sus gritos con un claro gesto de su brazo derecho indicando el paseo marítimo.

—Pero, Damián —dijo Matías—. Piénsatelo. Lo siento…

—¡Estoy hasta las narices de ti! ¡De que siempre llegues tarde! ¡Siempre dormido! ¿Hoy también había tráfico? ¡Y menuda manera de servir las copas! ¿Eso era un Margarita? ¡Sí, lo de la mesa trece! ¡Tú no has servido un puto Margarita en… en… en tu puta vida!

Se acercó a la barra y le mostró un plato con trozos de jamón.

—Y esto… ¿Ésta es manera de cortar jamón? ¡Como sigas cortando así el jamón me arruino!

—¡Vamos, Damián! No exageres…

—¡Que te pires!

Matías negó lentamente con la cabeza y se dirigió al almacenillo arrastrando los pies.

—Está bien, Damián —se desató el mandil y lo colgó junto a su ropa de calle—. Mira. Me cambio y me voy. Mañana hablamos, ¿vale?

—¡Ni mañana ni… gaitas! ¡Largo!

Damián cerró la puerta del almacenillo con furia. Cerró los ojos y suspiró, como le había recomendado el médico que hiciera cuando notara aquella incómoda opresión. Dichosa tensión.

Sirvió los gintonics que hacía rato habían pedido en la mesa diecinueve y volvió a la barra cuando tuvo un presentimiento. Se acercó a la puerta del almacenillo y abrió sigilosamente.

Matías estaba apoyado en el congelador. Bebía Cardhu a morro, como si fuera un botijo. Sus ojos estaban cerrados.

Damián le arrebató la botella y su brazo completó el arco, golpeándolo en la base del cráneo.

Su cuerpo quedó asomado al arcón, como si estuviese buscando el hielo que no había usado con el whisky. Afortunadamente no había sangrado mucho. Empujó su cuerpo al interior de la cámara frigorífica y lo tapó con bolsas de hielo.

El contrato de alquiler del negocio finalizaba el quince de septiembre. Iba a ser un verano muy largo.

Nerve

#spoilers

filmaffinity, IMDB

ATENCIÓN: spoilers informáticos

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¿Es posible que exista en internet un juego secreto en el que multitud de jóvenes participen de un modo u otro, proponiendo entre ellos retos más o menos ilegales, o más o menos peligrosos, y obteniendo premios en función del número de seguidores?

La respuesta es no. Porque no es secreto.

Porque ese tipo de entretenimientos ya existe, aunque la recompensa no sea dinero ingresado automáticamente en tu cuenta… si no eres youtuber ni cobras por cada tweet.

La clave la da una de las protagonistas, cuando menciona que desea ser instafamosa.

Así que hacer una película en la que una chica ansiosa de adrenalina (y de hacerle un zaska a su mejor amiga, todo hay que decirlo) comienza a aceptar desafíos tras seleccionar una opción de una página web es una tarea relativamente sencilla.

Sólo hay que salir a la calle y buscar secundarios entre los zombis que caminan buscando Pokemon. Se ruedan escenas graciosas en unos grandes almacenes y después se adorna todo con alguna escena peligrosa (¿son jóvenes, verdad? ¡que los pongan en una moto!), o directamente estúpida, y la película ya está.

No hay que olvidar a la madre agobiada con las oscilaciones en la cuenta bancaria, ni a los amigos hackers que lo arreglarán todo, todo, todo…

Volviendo a la pregunta inicial: ¿es posible en la actualidad un juego como el descrito en Nerve?

No. No hay batería de móvil que dure, ni de lejos, la mitad de lo que duran en la película.

Lo peor: el desenlace. O el que parece el desenlace. Y que siempre, al final, ha de aparecer un arma de fuego.

Lo mejor: Emma Roberts, aunque de casta le viene al galgo.

Conclusión: que meterse en un lío como el que se mete ella es relativamente sencillo. Basta con descargarse la app inadecuada en el mismo móvil donde tienes instalada la aplicación de tu banco, tu cuenta de facebook, la de twitter, la de…

Escala Palomitera: 3 sobre 5

El Manuscrito

#spoilers

casadellibro

ATENCIÓN: spoilers y pellejos

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¿Viste o leíste El Silencio de los Corderos?

El Manuscrito es un triste intento de emulación que no le llega ni a la suela de los zapatos. No es que como lector pretenda excesivos datos técnicos escabrosos, pero Thomas Harris al menos se molestó en explicar la técnica de los patrones que usaba el criminal para confeccionar su camiseta.

Tampoco se describe la mentalidad del criminal como se hace en otras novelas de misterio, pero no se hace para no desvelar su identidad, sino porque se trata de un ser plano y vacío. Alguien torturado… sencillamente porque le toca.

Mientras tanto, el equipo de policías protagonistas ni se molesta en intentar huir de todos sus tópicos: la muerte de un compañero y las dudas asociadas, una jerarquía que parece injusta, las órdenes de mantener el silencio entre ellos…

Algún carácter se salva de la mediocridad, pero por muy poco, como la propietaria de la librería y casi presidenta del club de fans. Qué casualidad que la policía diera tan pronto con ella. En España supongo que habrían acudido directamente a la editorial. O al Carrefour. Nunca a una librería de barrio.

El resto de personajes es absolutamente prescindible: empezando por el amiguete estudiante de Derecho que va de listillo y que lo único que aporta al lector son ganas de que el criminal se haga una cazadora con su piel. Lástima que sólo quisiera secuestrar mujeres.

Lo peor: ni siquiera se detalla el procedimiento utilizado para procesar la piel y obtener el lienzo donde el criminal escribe sus ocurrencias. ¿Qué herramientas usaba? ¿Sabía que la piel ha de estar mínimamente curtida y eso requiere tiempo? Si el lienzo se describe del tamaño de un libro de bolsillo, ¿qué tamaño y tipo de letra usaba, Comic Sans? Todas estas preguntas quedan sin responder.

Ni falta que hace.

Escala Palomitera: 1 sobre 5

22.11.63

casadellibrowikipediaIMDB

ATENCIÓN: spoilers y críticas no constructivas

Hay algo que envidio de Stephen King, y es que tiene una producción literaria enorme. Y encima tiene tiempo para producir/revisar las adaptaciones al cine y la tele.

¿Te llaman la atención las tramas donde se describen viajes en el tiempo? ¿Te supo a poco El Fin de la Eternidad?

22/11/63 (en formato español) describe una ingeniosa forma para viajar en el tiempo en la que no caben muchas paradojas. Y cuando se pueden producir, King las resuelve con interferencias. O con accidentes de coche. Donde hay muertos. Que quizá no habrían fallecido si James Franco no hubiera intentado esa llamada telefónica. Vaya…

No esperes una descripción técnica del sistema para viajar en el tiempo. Las cosas pasan porque pasan. De hecho, en la tele ni se preocupan de ello. En el libro al menos hay una conversación con el pirado del sombrero que, bueno, deja más dudas que otra cosa.

Porque el viaje en el tiempo no es el fin, sino el medio para comenzar una trama cuyo eje es evitar que maten a JFK.

¿Lo consiguen? Bueno, al menos en esta realidad en la que escribo esto, no.

Al margen de eso, King retrata de forma bastante coherente la vida en los alrededores de Dallas a finales de los 50 y comienzos de los 60, tiene tiempo para encajar una bonita historia de amor, y mete la inevitable cuña turística sobre Maine.

Lo mejor en la tele: El papel de James Franco.

Mejorable de la tele: es una miniserie de 8 capítulos. Si hubieran ido al estándar de 13, habrían cabido algunas de las subtramas, como la de la niña del bosque/lago.

Lo mejor en el libro: precisamente la inevitabilidad que describe. Cuando quieres cambiar el pasado, éste se revuelve contra ti.

Lo peor del libro (y de la tele): la sociedad distópica surgida tras evitar el asesinato de JFK. Pero claro, tenían que ponerla fatal para que compensara volver atrás…

Sí, la adaptación para la tele es de JJ Abrams. Pero está bien hecha.

Escala Palomitera (TV): 4 sobre 5

Escala Palomitera (Libro): 4 sobre 5

La Chica del Tren

casadellibro

ATENCIÓN: spoilers

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¿Eres de los que se preguntan en qué piensan las mujeres? Con este bestseller tendrás la oportunidad de conocer, de primera mano, cómo piensan tres de ellas. Aunque sean inglesas. Dos más, si cuentas a la madre y a la propietaria de la vivienda donde se aloja una de las protagonistas, porque ella se encarga de describir de forma bastante clara el grado en que las decepciona.

Porque La Chica del Tren es una novela escrita en primera persona por tres mujeres (bastante psicóticas, todo hay que decirlo) cuyas vidas se entrelazan en la calle de una urbanización cualquiera en los arrabales de Londres cuyos jardines dan a las vías del tren que le dan el título.

Interesante lectura rápida, sobre todo por el aspecto psicológico y la técnica narrativa, a pesar de que la trama se hace previsible cuando el lector comete el error de contar el número de personajes/sospechosos. Pocos.

No importa lo que ponga la solapa del libro: en el tren no pasa nada.

Escala Palomitera: 3 sobre 5

 

La Invitación

IMDB, Filmaffinity

ATENCIÓN: crueles spoilers

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¿Irías a cenar a la casa que compartiste con tu exmujer? ¿La casa donde murió tu hijo? ¿Irías con tu novia actual? ¿Te quedarías allí tras descubrir que ha pasado los últimos dos años en una secta religiosa? ¿En México? ¿Seguirías en esa casa incluso después de comprobar que su nuevo marido es como una fotocopia de ti pero en limpio?

Si has respondido que sí a todo, no sólo te sumergirás convenientemente en el argumento de La Invitación. Es que morirás acuchillado, o envenenado, o de un disparo.

¿Puede una película de hora y media esperar casi una hora a que pase algoLa Invitación puede. Ojo, y la premiaron en Sitges.

Algunos lo llamarán recurso narrativo. Otros hablan de la incomodidad del espectador por no poder empatizar con ninguno de los personajes. Yo me dormí. Me despertaron los gritos aterrados de la primera víctima.

No he entendido la razón por la que se suicidan algunos de los miembros de la secta cuando aún no habían completado su misión. Quizá era muy complicado para los guionistas tener que gestionar a tantos personajes en un escenario tan pequeño.

Una cosa buena sí tiene: su argumento es más creíble que el de otras películas estilo La Purga.

Y lo del coyote, sobraba.

Escala Palomitera: 3 sobre 5

Legado

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Lo que queda de nosotros, al final de nuestras vidas, es una caja de cartón con un montón de frágiles figuritas envueltas en papel de periódico.

#legado

Pasión

#historiasdefútbol

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Dejó la última caja de cartón, la que estaba rotulada con la palabra libros, en el dormitorio que había decidido se convertiría en su despacho. Cuando consiguiera que el propietario se llevase las literas. Tomás se secó el sudor de la cara con la manga de la camisa y se arrepintió inmediatamente. Buscó la maleta en el dormitorio principal y extrajo un polo no demasiado arrugado.

Un vistazo rápido desde el pasillo hacia la cocina, donde la nevera apagada mostraba su interior, lo terminó por convencer de que bajase al bar que había visto en la esquina.

La calle estaba desierta, nada que ver con los ruidos acelerados que había percibido cuando había dejado el coche en doble fila para descargar sus trastos.

La respuesta estaba precisamente en su destino: había partido de la Selección. Cómo podía haberlo olvidado. Le costó un triunfo y varias miradas agrias acercarse hasta la barra y conquistar un palmo de terreno desde el que poder hacer señales a uno de los camareros. Varios grupos de personas, en realidad una marea de camisetas rojas con las caras maquilladas, ocupaban hasta el último milímetro del espacio que le separaba de la tele. Y qué tele: no recordaba haber visto nunca una pantalla tan grande.

Y de pronto, el gol.

El aullido lo pilló con la mano levantada en dirección al camarero, así que pareció que lo estaba celebrando con anticipación.

—¿Ya lo sabías?

Tomás giró la cabeza. Sonrió tras lanzar una mirada valorativa a su interlocutora: ojos de color avellana, morena, pelo largo, bonito cuerpo que se adivinaba bajo la inevitable camiseta roja, vaqueros…

—Jajaja, no. Trataba de pedir una…

—Espera. —Levantó, ella también, una mano—. ¡Miguel! ¡Cerveza!

Dos botellines aparecieron junto a ellos.

—¡Oye! ¿Cómo…?

Ella  se encogió de hombros e hizo un mohín con la boca. Acercó sus labios:

—Siempre funciona. Deberías probarlo.

A su alrededor la gente seguía abrazándose. Se felicitaban y comentaban la jugada.

—Salía a fumar… ¿vienes?

Tomás la siguió. Tiempo tendría de decirle que había dejado el tabaco hacía más de diez años.

El Halcón

La Pesadilla de Gilgamesh, capítulo I – Los Murciélagos

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Las capas fosforescentes de los murciélagos dejaban retazos luminosos en las retinas de los que, sin querer arriesgarse a volar, contemplaban las evoluciones de las cometas humanas desde el mirador de la cafetería. En la oscuridad de la chimenea era lo único que podía apreciarse además de las pequeñas tiras luminosas ancladas a diferentes alturas que, sopladas también por el fuerte aire procedente de la base del cilindro, se agitaban alocadas indicando el funcionamiento de la turbina.

Algunos se lanzaban desde el trampolín de los torpes, allá en lo alto, conscientes de que su inseguro planeo les llevaría inevitablemente a la red protectora de la parte inferior de la chimenea en apenas unas pocas evoluciones. Los delataba su timidez en el momento de desembarcar en la plataforma superior de la rampa mecánica que, como un serpentín, ascendía por el exterior del tubo de planeo. Sus capas eran grises y mortecinas, carentes casi absolutamente del colorido y belleza de los adornos en la vestimenta de los más experimentados, los dioses del planeo que alzaban el vuelo desde la plataforma inferior.

Lancelot Conway era uno de ellos. Un triunfador del planeo. Su capa no sólo se adornaba con los luminosos reglamentarios, sino que lucía con orgullo los emblemas de los clubes más prestigiosos del planeta: Singapur, Londres, Hong Kong, Osaka… Estallaba de satisfacción cuando hacía una fulgurante pasada bajo un angelillo que, distraído por el refulgente colorido de su vestimenta, olvidaba tomar medidas para no perder la sustentación y caía contra la red entre las carcajadas de aquellos otros que aleteaban torpemente hasta llegar a un asidero que les evitara la misma vergonzosa suerte.

Consultó su Patek y esbozó una mueca de fastidio. Odiaba planear con hora. Prefería abandonarse a las corrientes sin tener que estar preocupado por sus citas posteriores, pero la de esta noche era muy importante. Y era con alguien a quien no convenía hacer esperar.

Se lanzó en picado para despejar su mente de todo lo que no fueran las amistosas corrientes de aire. Ya casi a la altura de la red protectora, justo donde los más torpes agitaban sus brazos desesperados para recoger un soplo que los mantuviera agónicamente en el aire, maniobró con elegancia y tomó altura hasta llegar a la plataforma superior, donde desembarcó entre aplausos y vítores. Allá abajo, varios angelillos botaban furiosos en la red.

(…)

 

Un Botón Inocente

unsubscribeMeditó largamente su decisión. Finalmente meneó la cabeza, apretó los labios y movió el puntero del ratón hasta iluminar la palabra Unsubscribe.

Aquel click cambió su vida.

En Otro Lugar

En otro lugar

El espejo del armario le devolvió una imagen inesperada. Se vio a sí misma asomada a la ventana. Observaba un limpio amanecer tras haberse incorporado de la cama deshecha. El retrato de su madre en la mesilla de noche le guiñó un ojo y sus labios formaron un beso silencioso. En su lado, en el lado real, sin embargo, aquel marco descascarillado seguía mostrando marcas de dedos y una ligera grieta en el cristal.

La cisterna del baño la sacó de su ensoñación, y los últimos vestigios de somnolencia desaparecieron devolviéndola a la odiosa realidad.

Su yo del otro lado volvió a la cama. Fingió dormir. Deseó con todas sus fuerzas que él lo creyera.

No le importó si dormía o no. Desaparecida una necesidad había surgido otra. Empezó a acariciarla con la urgencia habitual, a exigirle el doloroso peaje de las noches que volvía bebido.

Pero eso no le estaba pasando a ella, sino a la mujer que había estado en pie hacía unos minutos. Ahora era ella quien se apoyaba en el alféizar de la ventana y contemplaba asombrada cómo él apretaba y mordía su cuerpo.

Se vio girarse y enfrentar su cara a la cara de él. Vio a continuación cómo le cambiaba la expresión. Ya no era feroz, sino de miedo. Después, la paz.

Los enfermeros, la policía y más tarde el juez sólo pudieron certificar la muerte. Fallo cardiaco, dictaminaron.

Se volvió nuevamente y ya para siempre hacia la ventana para contemplar cómo desaparecían los últimos restos de oscuridad.

Una mirada inquietante

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En Blanco, capítulo 1

[…]Alcé la vista de mi lectura […]. Ella había cerrado su libro y Borges me miraba fijamente desde la contraportada. En realidad no sabía si me miraba a mí o a la tele. Cosas de la mirada de Borges.[…]

Anuncio

column-of-posters-368282_960_720El hombre cruzó la avenida con andar cansado. En su mano izquierda, una cartera de cuero gastado parecía retrocederlo a otro tiempo. Extrajo de ella una hoja de papel, que fijó cuidadosamente con celo al poste del semáforo de peatones. Tras comprobar el cartel, marchó hacia una farola cercana para repetir la acción. Una mujer que iba a cruzar en dirección contraria eligió detenerse y giró la cabeza para observar el anuncio recién puesto:

“Compro almas desoladas. Teléfono…”

Tarde

watches-1204696_960_720Cuando entró en la casa estaban todos muertos. Había vuelto a equivocarse. Ajustó nuevamente los controles de la máquina del tiempo y confió en llegar la próxima vez antes de que probasen el brócoli.

(*) Homenaje a Homer Simpson

Un gran día

happiness-973016_960_720Hoy iba a ser un gran día. Lo pudo ver reflejado en las pupilas asustadas de aquella chica que lo acompañaba en el ascensor y que no tenía más remedio que consentir sus caricias. Reflejo del frío reflejo del filo de su cuchillo.

Traficante

Llamaron a la puerta. Jacinto se sentó en la cama mientras se frotaba los ojos enrojecidos. Los golpes volvieron a sonar con más fuerza. A través de las rendijas de las persianas se podía adivinar el resplandor azulado de los vehículos de la policía. Creyó oír voces amenazadoras. No encendió la luz, para qué. Ya no había tiempo. La puerta no resistió siquiera la primera embestida del ariete. La marea humana vestida de gris se ocultaba tras cascos, uniformes acolchados y amenazadoras porras eléctricas.

El que parecía el jefe sonrió al tiempo que señalaba la descuidada pila de libros prohibidos.

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